Hay violinistas que eligen el instrumento. Edison Mouriño no lo eligió: se lo sugirieron el mismo día en que fue a anotarse para estudiar acordeón. Más de tres décadas después, ese «cambio de planes» lo convirtió en uno de los violinistas más reconocidos del circuito de eventos, conciertos y celebraciones en Uruguay, con un paso por la Orquesta Filarmónica de Montevideo, la Sinfónica del Sodre y un Premio en la categoría Tango.
Nos sentamos a conversar con él sobre cómo fue ese camino: desde el aula de una escuela de iniciación musical a los 8 años hasta convertirse en el «Music Planner» que hoy diseña la banda sonora de bodas, eventos corporativos y fiestas de 15 en todo el país.
Los orígenes: el violín que no eligió
Edison, arrancemos por el principio. Tengo entendido que vos ibas a estudiar acordeón, no violín. ¿Cómo fue esa historia?
Es verdad, y es una de esas cosas que uno no elige. Tenía 8 años, gané un concurso escolar que me permitió entrar a la Escuela Infantil de Iniciación Musical, y fui con mis padres con una idea clarísima: quería estudiar acordeón. Pero en la prueba de ingreso, uno de los profesores de violín notó que yo tenía buen oído y les sugirió a mis padres que ese instrumento me iba a abrir más puertas. El acordeón era mi primera opción, pero les hice caso y arranqué con el violín. Ni me imaginaba que esa decisión me iba a acompañar toda la vida.
¿Cómo fueron esos primeros años de estudio?
Estuve cuatro años en la Escuela Infantil de Iniciación Musical, y ahí se armó toda la base técnica y musical que después fue clave en mi carrera. Fueron años de mucho aprendizaje y disciplina, donde la música empezó a ocupar un lugar importante en mi vida.
Pero en algún momento te alejaste del instrumento…
Sí, a los 12 años. En esa época no era tan común que un adolescente eligiera el violín como parte de su vida cotidiana, y con distintas circunstancias que se fueron dando, terminé dejando los estudios musicales. Parecía el cierre de una etapa.
Orquestas y reconocimientos
Pasaste por la Sinfónica del Sodre y por la Orquesta Filarmónica de Montevideo. ¿Qué significaron esas etapas para tu formación?
Formar parte de esas dos orquestas fue una escuela en sí misma. De ahí en adelante empecé a compartir escenario con colegas como Eduardo Larbanois, Felipe Rubini, Paola Dalto y Juan Lazaroff, en distintas instancias y proyectos.
En 2018 ganaste el Premio Nacional de Música de Uruguay, entregado en el Auditorio Nacional Adela Reta. ¿Qué significó ese reconocimiento?
Fue un momento muy importante en mi carrera. Antes, en 2014, ya había estado nominado al Premio Graffiti, así que ver ese recorrido reconocido en 2018 fue una alegría enorme.
También te presentaste en el Argentino Hotel y participaste del 35° aniversario del Museo Ralli. Son escenarios bien distintos al de una fiesta de eventos.
Sí, y eso es algo que disfruto mucho: poder moverme entre un escenario institucional o cultural y un salón de fiestas sin perder la esencia de lo que hago.
«Desmitificar el violín»: tocar todos los géneros
Vos hablás de tu objetivo de «desmitificar el violín». ¿Qué querés decir con eso?
Que el violín no es solo un instrumento de música clásica. Mi meta siempre fue interpretar todo tipo de músicas y ritmos para poder llegar a públicos bien diferentes, y esa es la faceta que más disfruto de mi trabajo: no quedarme encasillado en un solo género.
¿Y hoy, en tu disco y en tus shows, hacia dónde se inclina más ese repertorio?
Justamente en esa línea está mi disco «Violín Latino», que ya está en Spotify. Es un trabajo donde fusiono ritmos latinoamericanos, jazz y composiciones propias — un proyecto muy especial para mí.
La pandemia y la reinvención desde una terraza en Malvín
Durante la pandemia te hiciste conocido por los conciertos improvisados desde tu terraza en la Rambla de Malvín. ¿Cómo arrancó eso?
Vivía en un edificio con mucha gente, y abajo hay un espacio verde. Un día bajé solo con la intención de probar un sistema inalámbrico, dejé un par de cajas acústicas en la terraza, y el sonido del violín eléctrico terminó llamando la atención de los vecinos. Se asomaron a las terrazas a escuchar y filmar, y también la gente que subía de la playa. Ahí me pidieron que armara una especie de concierto.
¿Y cómo fue la reacción después de esa primera vez?
Los vecinos quedaron muy emocionados y agradecidos, y me pidieron que lo repitiera. A partir de ahí empecé a hacer transmisiones en vivo por Instagram y Facebook, para todo el que quisiera seguirme.
Fue un año difícil para los músicos que viven de los eventos. ¿Cómo lo transitaste del lado del trabajo?
Aproveché para estudiar Marketing Digital y así poder ofrecer serenatas virtuales para cualquier parte del mundo. No fue fácil, porque la gente no está acostumbrada a «regalar» música, pero me sirvió para adaptar el show a lo que cada evento permitía en ese momento, siempre con la idea de seguir festejando con cuidado hasta que se pudiera volver a la normalidad.
Music Planner: mucho más que tocar el violín
Hoy te definís como violinista, compositor y «Music Planner». ¿Qué es exactamente ese rol?
Es la idea de que mi trabajo no se limita a tocar el violín en un evento, sino a planificar y producir toda la propuesta musical de principio a fin: desde un solista hasta un dúo, un cuarteto o directamente una orquesta instrumental completa, según lo que necesite cada ocasión.
¿Qué equipamiento usás para lograr esa versatilidad arriba del escenario?
Trabajo con violines eléctricos, acústicos y con luces LED, sistema de sonido JBL pensado para exteriores, consola digital con control remoto, loopstation, sintetizadores y pedales multiefecto. Esa combinación es la que me permite pasar de un repertorio clásico a una fusión con DJ en la misma noche, y sostener el sonido tanto en un salón cerrado como en una chacra al aire libre.
Todo ese servicio, con el detalle de propuestas para bodas, fiestas de 15 y eventos corporativos, lo tengo organizado en mi sitio oficial, donde también se puede coordinar fecha y presupuesto.
Con tantos años en el circuito de eventos, ¿qué es lo que más marca la diferencia entre un músico profesional y uno que no lo es?
Va mucho más allá de tocar bien. Tiene que ver con la elegancia y el compromiso en cada presentación, con la puntualidad y el respeto por los tiempos del evento, y con la versatilidad para adaptar el repertorio a lo que pide cada público. El sonido y el equipamiento profesional también son parte de esa diferencia: la gente no percibe el detalle técnico, pero sí nota cuando todo funciona perfecto.
Un violín que sigue sonando en todos lados
Después de más de tres décadas arriba de los escenarios, entre orquestas, terrazas y salones de fiesta, Edison Mouriño sostiene la misma idea con la que arrancó de chico: que el violín puede sonar en cualquier lugar y para cualquier público. Hoy esa búsqueda sigue viva en «Violín Latino», su disco disponible en Spotify, y en cada evento donde su violín —acústico, eléctrico o con luces LED— se convierte en protagonista.
